Aquellos que somos hijos de Dios, redimidos por la sangre de Jesús, el Señor nos ha equipado en muchas formas para defendernos de los ataques del diablo. Cuando el enemigo viene con sus ataques, sus mentiras y sus espíritus de seducción levantamos el escudo de la fe y lo resistimos con la espada del Espíritu, la Palabra de Dios. Además, El nos ha dado el poder de Su Nombre, el poder de Su Sangre, y una hueste angelical que nos cubre y nos defiende de los ataques del maligno:
* Todas las citas son de la versión Reina Valera 1960